Mi primera visita a Scooby y su (im)previsible consecuencia
Hola, me presento: me llamo Eva, voluntaria de Scooby y española. Remarco lo de “ser española” porque en Scooby aún no hay muchos voluntarios de nuestro país, paradoja que esperamos ir remediando poco a poco. Aunque siempre viene bien ir a limpiar los corralitos, también se puede ayudar desde casa haciendo lo que uno mejor sepa: mi trabajo, por ejemplo, consiste en hacer traducciones para su página web. Llevo colaborando con ellos más de un año y por eso tenía ya una “relación virtual” con Christiane, la coordinadora de todos los traductores, a quien ya tenía ganas de conocer personalmente.

Antes de seguir tengo que añadir que amo a los galgos. Los amo, sencillamente, con razones que mi corazón entiende, pero que a veces son difíciles de explicar. Aún así, lo intentaré: los galgos me inspiran mucha ternura, son seres muy sensibles, muy vulnerables, muy maltratados tradicionalmente en nuestro país. La primera galga de mi vida llegó hace ya unos cuatro años y consiguió darme la vuelta a la vida: irremediablemente enfermé de “galguitis” y ahí sigo. Después de Xana, que se nos fue a causa de la leishmania, llegó Unko, un príncipe encantador que vive en casa como el emperador que es. Y a partir de ahí, hemos hecho acogidas y nos hemos involucrado con varias protectoras para ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a la defensa de esta raza tan injustamente tratada. Ahí donde hay galgos, estamos nosotros. Y es una faceta de mi vida que me llena por completo y me hace totalmente feliz. Al final es ayudar, sin más aditivos.

Vuelvo a Scooby y mi encuentro con Christiane. Quedamos para conocernos el pasado 17 de Octubre, sábado, en Scooby Medina y así enseñarme las instalaciones. Fui con mi marido que, lógicamente me conoce muy bien y quien me dijo en el camino de ida Madrid-Medina: “Bueno, a ver con cuántos galgos volvemos”. Me reí de su ironía y seguimos nuestro camino.
Llegamos a Scooby, que ocupa un amplísimo terreno bastante bien camuflado, donde afortunadamente no es fácil llegar. Christiane y yo nos reconocimos instantáneamente y empezamos a visitar el refugio. Scooby está magníficamente preparado, los animales están de la mejor manera que pueden estar, distribuidos según sus necesidades y, aunque no es un lugar lujoso, está bien organizado, limpio y cuidado. Hay más de 450 perros, de los cuales, aproximadamente 300 son galgos.

Mi Paraíso. Iba visitando cada jaulita, cada corralito y cada vez me sentía más y más identificada con el lugar. ¿Conocéis una película titulada “Un lugar en el Mundo”? Pues eso. Verme rodeada de galgos por todas partes es una de las cosas que más feliz me hace. Y claro: me enamoré.
Ahora se llama Karina, pero en ese momento aún no tenía nombre. Pequeñaja, en los huesos, con un pequeño hundimiento en el cráneo no quiero saber a causa de qué, taaaan dulce, taaaan tierna…. Se me pegó a las piernas y no se iba. No se iba! Me decía con la mirada: “Llévame contigo, llévame, llévame”. ¿Y cómo no me la iba a llevar? Mi marido y yo decidimos irnos a comer a Medina para evaluar racionalmente si íbamos a ser capaces de cuidar a otra galguita, más a Unko, más a nuestro gato Charly, más los tres hijos humanos que tenemos.

Adoptar no es un capricho. Tener un perro no es un capricho. Es adquirir una responsabilidad que va a durar la vida del animal que acojas, sean 5, 10, 15 o los años que sean. No sólo hay que alimentarlos, hay que llevarlos al veterinario, llevar al día sus vacunas, sacarlos a pasear y jugar, darles cariño y amor diarios, en definitiva. Es un compromiso al 100%. Y hay que pensarlo muy bien.
Creo que lo pensamos 10 minutos, lo consultamos con mi amiga Poté (otra autoridad española en el tema galgos) y finalmente, volvimos a por mi dulce Karina. La probamos en la gatera (por cierto, qué bien están los gatos en Scooby) y ya no me he vuelto a separar de ella. Desde entonces comparte su vida con la nuestra, compartimos sofá y alguna cama. Le damos lo que podemos como humanos y ella nos lo devuelve multiplicado por mil, como buena perrita. Se ha adaptado perfectamente a Unko, su hermano mayor y a Charly, eso que no es un perro, pero que es majete y la deja en paz. Sólo puedo decir que no nos ha dado ni medio problema, pero sí una cantidad infinita de alegría y risas.
Quiero contar una anécdota: al día siguiente, domingo 18 de Octubre, estaba convocado en Madrid un Paseo de Galgos en El Retiro. Como dice una buena amiga, Karina pasó de dormir en el suelo a pasear, limpia, brillante y orgullosa, por el lugar más pijo de Madrid.
Así que sólo puedo decir: Gracias Scooby. Sois una fábrica de felicidad.

Karina dos horas después de llegar a casa.







